miércoles, 28 de marzo de 2012

Sandra

En una pequeña casa del Norte de Estados Unidos vivía una jóven pareja. La mujer se llamaba Sandra y el hombre Earl. Juntos eran muy felices. Hasta que un trágico día él murió en un trágico accidende de coche.
Sandra, consumida por la tristeza fue a buscar cobijo en casa de su hermana Rossa, que la aceptó encantada. Rossa la apoyó y la consoló. Pero puesto que era mucho mayor que Sandra comenzó a enfermar y tuvo que ser hospitalizada.
Sandra aún más entristezida siguió buscando cobijo en casas de sus amigos y familiares. Aunque a las semanas de vivir con ella todos enfermaban o eran asesinados.
La chica cada vez más entristecida volvió a su antigua casa.
Allí no vivía muy agusto, ya que decía oir los lamentos de su marido mientras se le paraba el corazón o los latidos de un corazón que poco a poco se quedaba sin vida. Incluso llegó a afirmar que había visto paseando a Earl por el jardín, entre las rosas.
Sandra comezó a volverse loca: se pasaba el día gritando desde la cama. Y cuando alguien pasaba a visitarla ella siempre le decía:
-No te fíes, no te fíes... Los muertos no siempre mueren... No te fíes... Nunca te fíes...-


Pasado un año de la muerte de Earl, todos los vecinos comenzaro a preocuparse: hacía días que no oían los alaridos de su loca vecina. Uno de sus más fieles vecinos se acercó a su casa para comprobar si seguía dentro, pero cuando se asomó desde el jardín por la ventana exterior vió a la mujer ahorcada con una nota cosida a la cuerda que decía:
"Los muertos nunca mueren, y yo tampoco voy a hacerlo."


Dicen que si en una noche de verano estrellada gritas -¡Sandra, no ha muerto!-. Puede que tengas el honor de ver a Sandra paseadose con su marido.


Firmado: Falvus

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